Un poco de Ternura, ¡Burdel de Mierda!

Por Rocío Pastor Eugenio.

Atravesando las paredes de las Naves del Español en el Matadero, uno llega a la Sala 1 en la que una cafetería muy retro comparte espacio con un escenario y una exposición de fotografía: Ajo. Bello Público; en la que se da protagonismo a los diferentes personajes que pueden verse al otro lado de la taquilla de un teatro.

Más allá, en la Sala, un vasto escenario negro se presenta vacío, a excepción de la hilera de sillas que conforma el horizonte en las que un hombre desnudo y ataviado con una peluca rubia, saluda coqueto al público que abarrota la estancia.

Entre los espectadores, los bailarines en performance jalean a  los asistentes moviéndose juguetones entre las butacas. Poco a poco, marcando los ritmos, bajan ocupando su lugar en la escena, sentados al lado de aquél que risueño saludaba y se reía. De esta forma tan sencilla y natural llega la primera vocanada de luz y de crítica de la pieza: no hasta el momento de verle rodeado de personas que lo ignoran se le había sentido tan solo.

La soledad, el amor, las pasiones, los vicios, los excesos. Estamos solos.

Así, en el silencio, alternado con los sonidos guturales más profundos, se desarrolla esta brutal obra de Dave St-Pierre en juego espectacular con la iluminación.

Del monólogo a la expresión corporal, del silencio al estrépito. Del baile a la quietud. La cuarta pared se difumina y llega hasta las mismas butacas. Lo explícito es naturalmente entendido. El cuerpo humano, aceptado.

Es una crítica demoledora contra a sociedad en la que vivimos que no deja impasible a ninguno de los presentes. Conmueve, hierve y delira. ¿En qué momento dejamos de ser humanos? ¿De sentir? ¿De escuchar? ¿De compadecernos? ¿Qué creemos que es la felicidad? ¿Y el amor? Estamos perdidos y solos.

Curamos la creencia de la perfección del número dos olvidando la realidad de que somos  unos. El corazón roto con cinismo. La solución es el respeto: hay muchos tipos de amor, incluido el que se tiene por uno mismo en soledad, sólo debemos saber mirar más allá para poder ver con ternura dentro de este “burdel de mierda” en el que el sexo empaña y excusa nuestro miedo.

En lugar de buscar el amor en uno mismo, el ser humano se busca así mismo en la pareja, en el amor y el reconocimiento que los demás le profieren, se cosifica convirtiéndose en marioneta, vive del recuerdo, cambia su alma a cambio de sexo. Se convierte en animal.

A medida que abandonamos nuestra natural condición perdemos la magia y la inocencia. Cada prenda que cubre nuestro cuerpo, cada capa que cubre nuestra alma nos hace débiles, incapaces de amar. Incapaces de ser libres.

Cuando la música llega, el público está entregado, conmovido. De la risa a la amarga lágrima a manos de una danza que mide los tiempos, que se desliza, que juega en lo natural, que mima y  que finalmente hace sonreír.

Entre aplausos y alabanzas, los asistentes en pie, asienten con la cabeza. Al fin y al cabo, como esta obra, todos incomodamos, sufrimos y nos conmovemos. Sólo mediante el respeto mantendremos aquello que de humano merece ser positivo.

Más Información

Fecha Del 22 al 26 de junio de 2011
Sala Naves del Español – Sala 1

www.teatroespanol.es

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